Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa… y una cámara de fotos, un despertador de sobremesa, una calculadora, etc.


Los famosos versos del poeta bien podrían adaptarse a multitud de objetos que ven peligrar sus días, o que ya prácticamente se encuentran en el conjunto de cosas que habitan en museos y desvanes.

 En tan solo apenas unos años hemos podido ver el origen y la evolución de los primeros teléfonos móviles, que desde el minuto uno de su aparición no han dejado de sorprendernos y de llevarnos con la lengua fuera detrás de sus impactantes mejoras. El incremento imparable de los dispositivos móviles de última generación y el uso que los usuarios hacen de ellos está rediseñando nuestro entorno.

 Todas las herramientas y las aplicaciones que se desarrollan ven un gran auge propiciado por las conexiones a internet, pero no todo es desarrollo de software que depende de una conexión a internet. Además de aplicaciones que ofrecen datos sobre el tiempo, las noticias o cualquier otra información que necesita de conectividad, también existen y se crean aplicaciones que recrean fielmente objetos cotidianos, y para rematar, estas aplicaciones pueden interactuar y ayudar a manejar objetos que hasta hace poco eran impensables verlos implementados en un teléfono, como cámaras de fotos, teclados, auriculares, sensores de huellas, etc…

 El conjunto imparable de herramientas y de aplicaciones han hecho de nuestros dispositivos móviles la mejor de las navajas suizas, que repletos de «gadgets» han puesto entre las cuerdas a objetos de nuestro día a día, y muchos otros empiezan a sentirse amenazados.

 El uso de algunas de estas nuevas funcionalidades incluso está modificando nuestros hábitos y maneras de hacer algunas cosas. Así pues, no es difícil llegar a oír conversaciones que hace algún tiempo pudieran resultar extrañas;

 – Papá , ¿me puedes hacer una foto?

– Lo siento hijo, No tengo aquí el teléfono

 Incluso podemos ver gestos que jamás podríamos haber entendido de no ser por los smartphones, como mover los pulgares  para decir «nos hablamos…» en clara referencia a chatear por WhatsApp, o separar  en el aire los dedos índice y pulgar para indicar que hay que hacer zoom.

 Las aplicaciones  para móviles aparecen a un ritmo vertiginoso, resulta imposible imaginar una solución que ya no exista. Se crean una media de 7.000 aplicaciones diarias. Entre toda esta descomunal oferta de posibles soluciones hay muy pocas privilegiadas que caen en gracia y se asientan como indispensable. También cabe señalar que la gran mayoría son Apps destinadas al consumo inmediato y su posterior eliminación, dada su naturaleza lúdica o de poca utilidad. Pero cuando una App viene para quedarse es capaz de desplazar a objetos que no pueden competir con ellas, como es el caso de objetos que el que escribe ha dejado de usar; el despertador de la mesita de noche, cámara de fotos y de vídeo, álbum de fotos de papel, GPS, planos de callejeros, calendario de sobremesa o de pared, agenda, calculadora, enciclopedia y diccionarios, diccionario de idiomas, linterna, reproductor de MP3, periódicos…

 Las mentes inquietas de los técnicos y programadores navegan a diario entre mares de ideas y posibles soluciones que harán del día a día mucho más fácil y de camino que les abran las puertas al boom comercial que eso supondría. De este modo ¿Quién puede predecir lo que está por venir? ¿Cuál es el siguiente objeto que ve sus días peligrar?  Tickets, entradas y tarjetas de embarque, Video consolas, instrumental de todo tipo, grabadoras de audio… ¿Estamos preparados para empezar a despedirnos de mandos a distancia, tarjetas de crédito, DNI?

 También estamos atravesando una especie de ansiedad colectiva por medir absolutamente todo, lo que está propiciando la creación de todo tipo de sensores y medidores. En esta línea no será descabellado intuir que desde los dispositivos móviles se podrán medir nuestros mensajes corporales, temperatura, rendimientos cardiovasculares, etc, llegando incluso a poder diagnosticar enfermedades.

 Además existen tecnologías que facilitan la creación de nuevas oportunidades para desarrollar herramientas encaminadas a la comunicación, obtención de datos… convirtiendo a los móviles en soportes publicitarios que sin lugar a dudas desplazaran  opciones convencionales de publicidad y comunicación. Existen plataformas que investigan en esa línea y aportan herramientas para abarcar este sector desde las comunicaciones vía WiFi. Desde esta opción se pueden establecer canales de comunicación en lo que se viene llamando marketing de proximidad con soluciones como las de www.wifi.pro. Las marcas se pelearán por nosotros, pero no más de lo que ya lo hacen, sólo que esta vez recomendarán productos que realmente encajen en las necesidades de la ciudadanía.